Posteado por: desdetegus | 31 octubre 2007

En busca de la felicidad

Me preguntaba esta noche ¿realmente soy feliz?, vaya pregunta mas díficil, pues aunque uno crea que es felíz a veces la definición de felicidad no es lo que creemos. Para muchos ser felíz significa tener mucho dinero, pero como dice Facundo: “Si amas el dinero a lo sumo llegaras al Banco, pero si amas la vida seguro llegaras a Dios” entonces podriamos asumir que la felicidad esta asociada a la espiritualidad o a la búsqueda de un ser supremo como única explicación o respuesta a nuestras preguntas.

Pero alejandonos un poco del plano espiritual, que en lo personal me parece un tema muy utilizado para atraer masas y obtener ganancias mediante jugar con esa necesidad espiritual de las personas, considero que el dinero no te hace feliz, pues hay muchos ricos infelices, entonces ustedes dirán el dinero no es la felicidad, entonces los pobres son felices!

Vaya rollo en el que me metí, mejor leamos esta leyenda sobre un hombre que escucho decir que la felicidad era un tesoro…

Cuenta la leyenda que un hombre oyó decir que la felicidad era un tesoro. A partir de aquel instante comenzó a buscarla. Primero se aventuró por el placer y por todo lo sensual, luego por el poder y la riqueza, después por la fama y la gloria, y así fue recorriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del trabajo, del ocio y de todo cuanto estaba al alcance de su mano.

En un recodo del camino vio un letrero que decía: “Le quedan dos meses de vida”. Aquel hombre, cansado y desgastado por los sinsabores de la vida se dijo: “Estos dos meses los dedicaré a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber y de vida con las personas que me rodean.”

Y aquel buscador infatigable de la felicidad, al final de sus días encontró que en su interior, en lo que podía compartir, en el tiempo que le dedicaba a los demás, en la renuncia que hacía de sí mismo por servir, estaba el tesoro que tanto había deseado. Comprendió que para ser feliz se necesita amar, aceptar la vida como viene, disfrutar de lo pequeño y de lo grande, conocerse a sí mismo y aceptarse como se es, sentirse querido y valorado, querer y valorar a los demás, tener razones para vivir y esperar y también razones para morir y descansar.

Entendió que la felicidad brota en el corazón, que está unida y ligada a la forma de ver a la gente y de relacionarse con ella; que siempre está de salida y que para tenerla hay que gozar de paz interior. Y recordó aquella sentencia que dice: “Cuánto gozamos con lo poco que tenemos, y cuánto sufrimos por lo mucho que anhelamos equivocadamente.”

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